miércoles, 5 de marzo de 2014

Ir al super sin morir en el intento

Odio ir de compras. Es un hecho. Mientras todas las mujeres que conozco adoran plantarse en el centro comercial que más cerca les quede, yo huyo corriendo en la dirección opuesta. Voy a comprar tarde mal y nunca. Lo justo. Lo que necesito en el momento que me acuerdo de lo que necesito. Y no sería la primera vez ni la última en que llego y ya ha cerrado la tienda. La que sea. Me gusta tan poco que incluso creo que me estresa. Ropa, por ejemplo. Es todo horrible. Fea, sosa y aburrida. (Diosito, no permitas que dejen de fabricarse pantalones pitillo nunca!). Llego, miro y ya me quiero ir. Tardo una media de 4 minutos por tienda. Qué cómo me visto si no compro? Hombre, a veces no hay más remedio que comprar, pero vamos, que mientras no se me rompa la ropa que tengo, voy tirando. AH, y que cuando vaya a comprar ropa  no me toque un probador cerca de alguien con poca o nula higiene corporal, porque entonces no compro nada. (Y me dura el asco dos horas mínimo). Nunca entenderé por qué la gente no disfruta estando limpia y oliendo bien. En fin, ese tema para otro post.

En el super me pasa igual. Es un coñazo agobio, y la gente muy muy pesada. Aparcan el carro o la cesta donde les da la gana sin importarles un  pimiento verde que yo pueda o no pasar. Dejan a los niños sueltos como si de un parque infantil se tratara. Recuerdo un día que un niño me lanzó el carro de la compra con toda su mala leche para que le hiciera caso. Me daban ganas de arrancarle la cabeza, pero al fin y al cabo la culpa de ese comportamiento la tiene su madre. Le saqué la lengua, le dije a su madre que de vez en cuando le echase un ojo a la criatura antes que alguien la denunciase a asuntos sociales, y me fui con un dolor espectacular en la pierna. (El puto carro hizo strike con mi pierna de azafata con medias finas...)

Esta tarde en el Mercadona me dió por preguntar si los repartidores llegarían hasta mi casa (vivo en medio de la montaña). El buen hombre me dijo que si no pasaba de 10 kms no había problema, que bajase al super, hiciese la compra y que ya me la llevaban. No, no, le dije, de lo que se trata es de que yo no tenga que venir al super a NADA. Haría la compra por internet. _Ah, bueno, sin problema, señora. (Señora?? What´s the fuck...??) Pero le costaría 7 euros con no sé cuánto. Ah, bueno, sin problema, le dije. Y me fui maldiciendo al cabrón del dueño del Mercadona que nos cobra a precio de sangre que no nos guste ir al super o que no nos guste cargar con bolsas o que seamos unos asociales y no nos gusten las multitudes, ni estar en un pasillo que huela a gente que no se ha duchado en 15 días.

Un asco todo. Y un asco muy caro. 


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