Resumiendo, que odio las mentiras en ambas direcciones. No soporto que me mientan. Tuve un novio que tenía Cum Laude en mentir. Era un profesional. Lo mejor, o lo más simpático, es que se creía sus mentiras. Me dí cuenta de que tenía cuernos enseguida. Fue muy fácil enterarme, me lo contó su mejor amigo. Si, tal cual, su mejor amigo. Ese tipo estupendo que te conoce y decide que vales la pena y que no eres una cualquiera como las que acostumbra a frecuentar tu chico en sus escarceos. Un buen chico del que no supe más una vez me quité de semejante parásito. Pero le estaré siempre agradecida. Y devolví los cuernos con creces. Mmmm, sin duda!
Cuando alguien miente, tiene algo que esconder. Y punto. Yo creo que miente todo el mundo. Me mienten todo el tiempo. La gente miente por costumbre y se aficiona. Cada vez miente mejor y cada vez le importan menos las consecuencias. Y así.
Es un círculo vicioso y cada mentira genera una mentira nueva. Yo me pasé hace muchísimo tiempo al otro bando, el de la sinceridad extrema. Y a ver, que de sincera, me paso. Y a la larga no sé que es peor si que me mientan o la cantidad de gente que no soporta que le diga lo que pienso. Porque ahora ya no me corto ni con un cristal. Y siempre tengo al Pepito Grillo de turno que recomienda diplomacia, pero claro, tengo el mismo tacto que un cactus. O un papel de lija, con lo que mi diplomacia es justo esa que no existe y que me genera fama de borde injustificada. No soy borde, señores, soy selectiva. Y cuanto más me decepciono de la gente, más selectiva me hago. Y a mejor. Que paso de mentiras y de falsos que luego la energía negativa me ronda como una mosca de verano y no, eso cuanto más lejos, mejor.
Cuando alguien miente, tiene algo que esconder. Y punto. Yo creo que miente todo el mundo. Me mienten todo el tiempo. La gente miente por costumbre y se aficiona. Cada vez miente mejor y cada vez le importan menos las consecuencias. Y así.
Es un círculo vicioso y cada mentira genera una mentira nueva. Yo me pasé hace muchísimo tiempo al otro bando, el de la sinceridad extrema. Y a ver, que de sincera, me paso. Y a la larga no sé que es peor si que me mientan o la cantidad de gente que no soporta que le diga lo que pienso. Porque ahora ya no me corto ni con un cristal. Y siempre tengo al Pepito Grillo de turno que recomienda diplomacia, pero claro, tengo el mismo tacto que un cactus. O un papel de lija, con lo que mi diplomacia es justo esa que no existe y que me genera fama de borde injustificada. No soy borde, señores, soy selectiva. Y cuanto más me decepciono de la gente, más selectiva me hago. Y a mejor. Que paso de mentiras y de falsos que luego la energía negativa me ronda como una mosca de verano y no, eso cuanto más lejos, mejor.








